miércoles, 23 de abril de 2008
Lágrimas de felicidad (Capítulo 1)
Nuevamente postrado en una cama, después de tantos años sin pisar un hospital me encuentro aquí, yaciendo en aparente paz, sin pensar en nada más que en la libertad del exterior, el olor de las flores, el canto de los pájaros, el sonido del agua rompiendo en catarata sobre las rocas molidas del fondo... No puedo más que volar con mi imaginación, las paredes de mi habitación me oprimen el alma, me endurecen el humor y oscurecen mi honor, mi orgullo de ser bien parecido, mi orgullo varonil. Las enfermeras son cada día más amables y familiares, pero no hay nada como estar en familia, o solo, pero en casa, con la certeza de poder hacer lo que te apetezca en cada momento. Solo la posibilidad de salir es lo que te da la libertad, si te quitan la posibilidad te lo quitan todo.
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