domingo, 27 de abril de 2008

Lágrimas de felicidad (Capítulo 2)

A menudo me imagino tumbado en la arena de una playa fina, dejando que el sol caliente mi piel suavamente, como lo hizo tantas veces, que la brisa del mar inunde mis sentidos, ondee mis cabellos; me imagino observando a las parejas pasear al perro, o besandose apasionadamente, me imagino mirando furtivamente a una rubia exuberante dorando su piel desnuda casi por completo excepto por un delgado hilo que a penas se distingue en la distancia, me imagino niños jugando a la pelota o a las raquetas, gritando felizmente como si hubieran ganado algo y simplente han conseguido enorgulleceserse de superar al resto.
Tristemente mi maginacion no es infinita y tarde o temprano caigo en la cuenta de mi realidad. Miro con atencion el techo de mi encierro, blanco y rugoso con grietas por doquier, alguna telaraña no muy antigua y alguna que otra mancha de humedad, ¡no se porque no adecentan este sitio! La imaginacion no me puede ayudar continuamente y me deprimo unas 20 veces diarias solo por abrir los ojos y mirar al techo.

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