No me escondo de las sombras ni perduro entre los brillos. Navego por las ondas y con ellas me sosiego, me mecen los vaivenes de un camino sin arcenes, de montañas diminutas o de grandes badenes.
Silencioso como la muerte o tan vivo como el trueno, desespero incontinente de la carne, de la tierra, de la vida que no tengo. Flotando no respiro y hundido no me encuentro, agonizo urticante de la cura, del deseo, del horizonte que no veo.
En paz saluda el día sin memoria y sin reproches, se calientan con violencia y con desidia llega la noche. Esta mañana es muy temprano y esta noche es muy oscura.
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