domingo, 27 de septiembre de 2009

El mundo a mis pies

Tengo un ejército de caballitos de mar, puedo domar a las sardinas para que cocinen por mí, tengo una pista de hielo en el salón y una estación de esquí en el patio. En la piscina del ático los pingüinos me sirven la bebida, la lluvia cae cuando hace calor y hace calor cuando está nevando. No necesito dormir y siempre estoy activo. Los delfines bailan claqué para entretenerme y en la televisión siempre se habla de mí. Todo el mundo me conoce y me respeta, me admira y me adora, me lo dan todo, me lo facilitan todo. Puedo convencer al mundo para que se pare, deje de girar y gire en el otro sentido para ir atrás en el tiempo. Los árboles comparten sus sueños conmigo, me cuentan historias de sus ancestros y los pájaros me cantan por las mañanas lindas melodías. El teletransporte es una cuestión de desear el lugar al que quieres ir con fuerza, bien puede ser la habitación de al lado o el cuerpo celeste más inhóspito y alejado, donde por supuesto puedo pasar unos días contemplando las estrellas que nunca nadie ha visto antes. Puedo volar o saltar mucho más alto que los canguros. Puedo cambiar con la mente la materia que compone las paredes y convertirlas en chocolate blanco, sólo con pensarlo hago que la mesa se convierta en cedro, la piedra en lava y el agua en oro líquido.

Pero sólo hay una cosa que me haría volver a ver la vida a través de una nube de algodón de azúcar.

1 comentario:

Pilar_RDT dijo...

El mundo siempre está a nuestros pies, solo tenemos que proponerlo. Jugar, saltar, dar la vuelta todo, reirnos de lo absurdo y dar tiempo mientras seguimos riendo.
La vida no hay que comersela, como un algodón de azucar, en su justa medida. Si comes muy rapido, el algodón, empalaga, y si te eternizas, los dedos se te pringan de azucar (que asco!), aunque... a veces viene alguién a chupar el azucar de tus dedos y entonces... el mundo vuelve a estar a tus pies!!!
Muy chulo Checa