viernes, 9 de mayo de 2008

Lágrimas de felicidad (Capítulo 5)

En estos establecimientos nunca hacen nada para que la estancia sea más llevadera. Te traen tus medicinas; si puedes comer, la comida, y te ayudan a hacer tus necesidades fisiológicas, pero no pintan las paredes con alegres decoraciones, ni ponen cuadros de paisajes espectaculares, la televisión se aguanta un rato pero es mejor no encenderla porque sólo te enseña la cantidad de destrucción, muerte y desolación que hay en el mundo, lo cual no ayuda mucho. El suelo es frío y triste, distante, la cama a penas se soporta sobre él, chirría con cualquier movimiento y parece que nunca vas a volver a pisarlo del mismo modo.

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