domingo, 18 de mayo de 2008
Lágrimas de felicidad (Capítulo 8)
La vida pasa muy lentamente, todos los días lo mismo, la visita del doctor por la mañana, la enfermera con la medicación, el celador para los excrementos... Nada nuevo, durante meses y meses. Quizás años, ya no me paro a pensar cuánto tiempo ha pasado. Los médicos no dejan de recordarme la de cosas que puedo seguir haciendo, el psicólogo es el más hipócrita de todos. Me quiere hacer ver lo reconfortante que puede llegar a ser mi vida si me lo planteo, si me lo propongo, si decido que quiero vivir la vida que me ha tocado vivir, sin hacerme más preguntas, sin cuestionarme la vida, sin cuestionarme la muerte., solo dejando que el tiempo coloque las cosas allí donde caben.Pero a mí no me entra en la cabeza. Es fácil decirlo cuando tienes dos piernas en perfectas condiciones y dos brazos, y sientes a tu mujer cuando te acaricia o te besa, o simplemente, cuando tienes a alguien que te quiere incondicionalmente y te apoya día tras día sin pedir nada a cambio, porque, tampoco se lo puedes dar...
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