lunes, 12 de mayo de 2008
Lágrimas de felicidad (Capítulo 6)
Las visitas a penas se suceden cuando has llevado una vida de individualismo, egoismo y egocentrismo. ¡ay! ¿De qué me valen ahora tantos billetes? Profesionalmente he crecido tanto que ya no me quedan amigos, mis padres están a punto de morir y ya no pueden venir aquí solos. La última vez que vino mi madre lo único que pudo hacer es llorar y llorar, lamentándose de lo desgraciadita que era por tener un hijo lisiado al final de su vida, que no podía creer lo triste y aterrador que se había vuelto su camino al más allá. Porque también ella piensa solo en sí misma, es lo peor que le ha podido pasar, tiene un hijo inválido para toda su vida y ella no va a poder ayudarle en nada. Quizá piense que va a ir al infierno por eso, o quizá piense que ha fallado en la educación que le ha dado ha su hijo porque si no le hubiera fallado no le habría pasado esto. ¡Qué equivocada está, madre! Solo yo tengo la culpa de lo que me ha pasado, y solo yo tengo la culpa de quedarme solo en estos momentos tan duros de mi existencia.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario